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DEL HAMBRE AL ESTRELLATO

Por Scott Davis. The Blood-Horse
18 de marzo de 2000
Traducido por Jaime Casas

N. de la R.: Presentamos la reproducción de un trabajo especial publicado por The Blood-Horse, pues nos pareció interesante conocer un poco de la historia de un extraordinario jinete peruano que, a sus 38 años, parece estar en su mejor momento profesional, obteniendo el máximo reconocimiento en los Estados Unidos. Nos permite comprobar, además, que no importa el origen humilde o los tropiezos que la vida nos pueda imponer: con voluntad, honestidad y firmeza, cualquiera de nosotros puede salir adelante.
Viendo a Jorge Chávez y su sonrisa ubicua por estos días en el hipódromo, parece difícil desentrañar un pasado problemático. Pero Chávez emergió, literalmente, de las calles de Lima, Perú, abandonado por sus padres a la edad de 10 años. "Mientras crecía, nunca estuve feliz", dice.
Producto de un hogar roto, Chávez cree que debe tener tanto como unos 12 hermanos y hermanas. Aunque tiene poca memoria de su juventud, sí recuerda sus constantes cambios de residencia "como una pelota de ping-pong", con sus padres siempre relacionándose con otras familias. Pero más que frecuentes mudanzas, Chávez encontraba hostilidad en cualquier lugar al que fuera: "Nunca fui parte de una verdadera familia", recuerda. "En vista de que yo era el más pequeño, era siempre derrotado y se me negaba ropa y comida".
Agreguemos a esto una pobreza tan extrema, que no era poco común el que 20 personas compartieran una habitación, y así es fácil entender el porqué Chávez abandonó su hogar a los 10 años de edad. "Aún cuando me fui no había amor", dice. "Nadie nunca me encontró y me preguntó si tenía algo para comer o para vestirme".
Así Chávez llegó a las calles, y para enfrentar las necesidades, aceptó trabajos ocasiones como lavador de autos o chofer de autobús. En un momento, Chávez pensó que podría hacer un poco más de dinero trabajando con un muchacho compañero reparando cocinas: "Pero el padre de mi amigo llegó y tomó todo el dinero que habíamos ganado", comenta.
A los 15 años, Chávez trató nuevamente de regresar a vivir con su mamá y su familia. Pero mientras más se iba acercando a ellos, explotó la tragedia. "Mi hermana mayor se suicidó", recuerda, "y yo sentí en ese momento que debía irme". Así regresó a las calles para nunca más regresar con sus padres.
Cuando cumplió los 20 años, un amigo, cayendo en cuenta de su figura diminuta (mide 4 pies con 10 pulgadas y pesa 108 libras -48,6 Ks), le sugirió a Chávez que fuera al hipódromo y tratara de conseguir trabajo como jinete. En vista de que no tenía experiencia, en principio Chávez fue relegado al humilde trabajo de limpiar puestos y recoger la bosta de los caballos. Finalmente, a los 22 años, obtuvo su licencia para ejercer como jinete, y se convirtió en el látigo regular de Juan Suárez, perenne líder entrenador en Perú.
Inmediatamente el éxito le sonrió, al punto que en su segundo año ya ganaba una estadística. Ya que no existía una escuela de jinetes formal (muy en parte debido a la popularidad de Chávez, se abrió una en los '90), Chávez debía mirar las carreras de los Estados Unidos por televisión y emular los estilos de los jinetes que veía, principalmente Laffit Pincay Jr. y Bill Shoemaker.
No pasó mucho tiempo más antes de que Perú le quedara pequeño a Chávez. En 1989, visitaba a un amigo en Miami y decidieron asistir a Calder Race Course. Chávez habló para conseguir una monta, y fue así como en su segundo día apenas guió dos ganadores. "Me dieron un cheque por US$5.000 y yo no podía creerle a mis ojos", dice. "Era más dinero de lo que podía imaginar."
Luego de un par de meses desechó sus planes de regresar a Perú, y se quedó en los Estados Unidos.
La década siguiente fue, por supuesto, buena para el hombre al que han llamado "Chop-Chop" -apodo que, según dice, se originó en Nueva York, por su estilo al usar el látigo-. Generalmente se ubica entre los líderes jinetes en el circuito de Nueva York y en Gulfstream, donde ha ganado durante dos años consecutivos.
Las monta de un hombre al que una vez US$5.000 le pareció una fortuna apenas unos años atrás, ganaron 17 millones de dólares en 1999, permitiéndole pescar su primer Eclipse Award. "Eso fue un milagro", dice sonriendo.
De acuerdo a la gente que observa a Chávez, no hay nada milagroso con respecto a su éxito. "Él es el sueño americano hecho realidad", lo adula el entrenador James Bond, quien ha hecho llave con Chávez para ganar clásicos Grado 1 con Behrens, Will's Way y Val's Prince, entre otros. "Tiene la mayor ética profesional en el mundo, un fuerte deseo de ganar, y continuamente una actitud positiva".
A pesar de la lealtad de Bond -quien ha estado montando a Chávez por seis años-, este jinete no había estado volando bajo el radar del aficionado común sino hasta hace poco tiempo. Chávez no obtuvo una monta en el Kentucky Derby sino hasta la de Adonis en 1999, y sus triunfos a bordo de Beautiful Pleasure y Artax en la Breeders' del año pasado fueron sus primeros triunfos en ese evento.
Una de las razones más citadas para justificar la demora de Chávez de ganar fama nacional, es un estilo que bordea lo excesivamente agresivo. "Eso no es verdad" sostiene Peter Walder. "Él no es tan ofensivo como lo es su reputación". Walder, un entrenador de muy buena efectividad en Gulfstream y en Monmouth Park, utiliza a Chávez en aquellos caballos que necesitan más estímulo de parte del jinete. "Monta en un reclamo en US$5.000 de la misma forma en la que monta a Behrens", sostiene el entrenador.
"Es por su tamaño", dice el agente de Chávez, el exjinete Richard DePass, anticipándose a la pregunta en relación a la reputación de su cliente. "Debido a su pequeño tamaño, él tiene que extenderse hacia atrás para castigar con el látigo a un caballo. Así da la impresión de que está castigando más fuerte de lo que es". DePass dice que el tamaño es la principal ventaja de Chávez, ya que le brinda el perfecto balance sobre un caballo. Para redondear su punto de vista, el agente muestra un retrato de Chávez a bordo de Behrens que adorna el programa oficial de Gulfstream Park. "Si sienta como un péndulo", remarca.
Chávez siente que su relación de dos años con DePass es un factor importante en su reciente ascenso, ayudándole a conseguir montas en Gulfstream, un meeting al que no acudió entre 1990 y 1998. Ambos (jinete y agente), atribuyen la decisión de dejar Nueva York para ir al sur de la Florida durante el invierno como un detalle crucial en su prominencia.
A los 38 años, Chávez ha finalmente encontrado paz en su vida familiar -él y su esposa, Margarita, tienen unas morochas de año y medio y él ha adoptado a los dos niños de su esposa de un matrimonio anterior-. Pero Chávez, alguna vez un niño despreciado, está todavía molesto por la impotencia de no poder acercarse a Jorge Jr., su hijo de 12 años de su primer matrimonio. Su ex -esposa  emigró de Perú a Nueva York con su hijo, pero Chávez siente que la mamá está haciendo mella en la relación padre-hijo. "Lloro mucho por él" revela Chávez. "No quiero que pase por lo que yo pasé".
A pesar de su éxito, dentro y fuera de la pista todavía es fácil sentir en Chávez al niño de las calles de Lima. Bond dice que Chávez es el primero en regresar al establo cargando regalos y bonos para la gente de la cuadra, y siempre recuerda a los little huís.
Chávez aprueba.
"No es fácil olvidar el sentimiento de no tener nada que comer", remata.


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